En un geriátrico, el número que ordena todo el proyecto de incendio no es la cantidad de detectores. Es cuánto tarda en evacuar una persona que necesita asistencia para levantarse de la cama. Ese tiempo no lo acorta ningún equipamiento, y una vez que lo aceptás, las decisiones técnicas se acomodan en otro orden.
La Resolución 3315/2023 del Ministerio de Salud fija las condiciones de las residencias para personas mayores dentro de un modelo de atención centrado en la persona. Lo que sigue es cómo se implementan esas exigencias en un edificio donde nadie se evacúa solo.
El residente que no se evacúa solo, y qué le hace eso al cálculo de tiempos
Cualquier cálculo de evacuación parte de un supuesto: que la persona escucha la alarma, se levanta y camina hacia la salida. En una residencia para personas mayores ese supuesto casi nunca se cumple. Hay residentes que usan andador, otros que se desplazan en silla de ruedas y varios que necesitan asistencia física para pasar de la cama a la silla. Cada uno de ellos no ocupa un lugar en la fila: ocupa una o dos personas del equipo durante varios minutos.
A eso se suma algo que no aparece en ninguna planilla de superficies. Una persona con deterioro cognitivo puede no interpretar la sirena como una indicación de salir. Puede quedarse quieta, puede volver a la habitación a buscar algo, puede resistirse a que la muevan personas a las que en ese momento no reconoce. La evacuación deja de ser automática y pasa a ser habitación por habitación, con alguien que entra, explica, acompaña y confirma que no quedó nadie.
La tercera variable es el horario. Para dependencia leve y moderada, la Resolución 3315/2023 pide un auxiliar de enfermería por turno de ocho horas cada quince personas mayores y un auxiliar gerontológico en la misma proporción; para dependencia severa sube a uno cada siete y uno cada diez. El licenciado en enfermería, en cambio, está previsto en los turnos mañana y tarde cada treinta residentes, y de noche la norma solo exige que el establecimiento quede a cargo de más de una persona. Traducido a un pasillo a las tres de la mañana: menos manos disponibles, puertas cerradas y el andador a un costado de la cama.
Cuando entrás a hacer un diagnóstico en una residencia, esa es la cuenta que ordena el resto. El tiempo de evacuación asistida es un dato de la casa, no una variable que puedas negociar hacia abajo. Lo único que sí podés mover es el momento en que el sistema se entera. Cada minuto ganado en detección es un minuto que el equipo usa para mover gente, y por eso acá la inversión se corre desde la extinción hacia la detección temprana y la compartimentación. La lógica se parece a la de clínicas y centros médicos, con una diferencia de fondo: acá la persona vive ahí.
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Lo que pide la Resolución 3315/2023 y cómo se implementa
La resolución aprueba directrices para la organización y el funcionamiento de las residencias, y dentro de las condiciones edilicias incluye un bloque de protección contra incendios bastante concreto. Conviene saber de dónde sale cada cosa, porque conviven dos normas. El Decreto 351/79, reglamentario de la Ley 19.587 de Higiene y Seguridad en el Trabajo, regula el tema en su Capítulo 18 desde la lógica del ambiente de trabajo. Ese capítulo no cubre detección ni alarma ni menciona establecimientos de salud. La exigencia de detectar viene de la 3315/2023. Si alguien te cotiza un sistema contra incendios citando solo el 351/79, le falta la mitad del pliego.

Detección automática de humo y alarmas conectadas
El texto de la resolución pide detectores automáticos de humo, alarma con avisadores o pulsadores manuales de incendio conectados a central de incendio y sirenas de alarma. La palabra que hace todo el trabajo ahí es conectados. Un detector autónomo a pila avisa en el ambiente donde está y a nadie más. Lo que la norma describe es otra cosa: un sistema con central y lazos supervisados, que sabe qué dispositivo se activó, dispara la señal sonora, avisa al personal y comunica hacia afuera.
Después viene la ingeniería. En habitaciones, pasillos y áreas comunes el criterio habitual es el detector óptico de humo, que es el que antes reacciona ante un fuego lento. En cocina y lavadero el óptico da falsas alarmas por vapor y humos de cocción, así que ahí va detección térmica. La decisión que más rinde en una residencia es la central direccionable: en lugar de indicar "zona 3", indica la habitación. Con la dotación de la noche, saber a qué puerta ir primero cambia toda la secuencia.
La señal sonora general merece una discusión aparte. A las tres de la mañana, una sirena a pleno volumen puede generar desorientación y caídas en personas que además no van a poder salir por sus propios medios. Por eso conviene ordenar el disparo en dos etapas, sin sacar nada de lo que la norma exige: primero el aviso al equipo, con repetidores en enfermería y notificación a los dispositivos del turno, y después la evacuación por sectores. En paralelo la señal sale hacia una central de monitoreo 24/7, y las cámaras y alarmas integradas de las áreas comunes ayudan a confirmar rápido qué pasa. Que el aviso llegue primero a quien puede actuar es una decisión de diseño.
Extinción, plan de evacuación aprobado y ejercitaciones del personal
Del lado de la extinción la resolución es explícita: matafuegos según el tipo de fuego, no menos de uno cada 200 m2 de superficie cubierta y con capacidad no mayor a 5 kg, más bocas de extinción, hidrantes de pared y rociadores automáticos cuando el edificio tiene planta baja y más de dos pisos altos. Ese tope de 5 kg no es un detalle administrativo: el matafuego lo va a usar el personal de turno, no una brigada profesional. Importa menos el total instalado que dónde está cada uno y si el equipo de la noche sabe cuál es el más cercano a la cocina.
El plan de evacuación tiene que estar aprobado por la autoridad competente y, según el texto, permitir la salida fluida. En una residencia eso obliga a escribirlo por persona: quién camina con supervisión, quién necesita traslado y cuántas manos hacen falta. Y obliga a repensar la ruta. El Capítulo 18 del 351/79 divide el edificio en sectores de incendio, ordena controlar la propagación vertical entre pisos y la horizontal con muros cortafuegos, y pide medios de escape libres de obstrucciones y calculados para la evacuación simultánea. Esa sectorización habilita la evacuación horizontal, que es mover a la persona al sector contiguo del mismo piso en lugar de bajarla por una escalera.
La resolución cierra el bloque pidiendo que el plan sea organizado y ejercitado periódicamente con todo el personal. Es la exigencia más barata de cumplir y la que más se posterga. El simulacro que dice la verdad es el nocturno, con la dotación real de esa franja, no el del jueves a las once con la casa llena de gente. Ahí medís lo que importa: cuántos minutos lleva recorrer las habitaciones, quién tiene a mano la lista de quién necesita asistencia y si cada puerta hizo lo suyo. Es también el momento de probar el grupo electrógeno que la norma ya exige para sostener cadena de frío y oxígeno.
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El conflicto entre control de accesos y evacuación
Hay una contradicción que aparece en toda residencia bien equipada y conviene resolverla en el plano, no en la obra. La puerta que se demora para que un residente con deterioro cognitivo no salga solo a la calle es la misma por la que hay que sacar a todos si suena la alarma de incendio. Son dos riesgos reales y opuestos, y la respuesta equivocada es elegir uno. Nadie tiene que elegir entre los dos, porque esto se resuelve con integración.
El criterio técnico es que todo el herraje de la ruta de evacuación sea fail safe: que la falta de energía libere la puerta en lugar de trabarla. Los retenedores electromagnéticos se desenergizan por señal de la central de incendio mediante un módulo de relé supervisado, el retardo de salida se anula ante alarma y la barra antipánico libera siempre desde adentro por medio mecánico. El control de accesos sigue haciendo su trabajo el resto del tiempo: registra, avisa y da tiempo a que alguien acompañe. La diferencia con un procedimiento escrito es que esto es un enclavamiento cableado y no depende de que alguien se acuerde de destrabar nada.
Si tenés que ordenar el proyecto, el orden es este. Primero medí cuánto tarda de verdad la evacuación asistida de tu casa con la dotación de la noche. Con ese número dimensionás la detección, que es lo único que compra ese tiempo. Después la sectorización, que define hasta dónde hay que mover a cada persona. Y al final los accesos, integrados a la central de incendio en lugar de peleados con ella. Es el mismo criterio con el que se ordenan las salidas y los accesos de una residencia, y en incendios en geriátricos pesa todavía más, porque el margen de error lo define la persona que no puede salir sola.
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