Vista aérea de los bancos y caminos de una mina a cielo abierto
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Drones en minería: seguridad operativa en voladuras, taludes y escombreras

Francisco Alberton · Fundador y Presidente del Grupo USS 4 min de lectura

En minería, la pregunta sobre drones suele empezar por la topografía y los volúmenes. Es lógico: fue la primera aplicación que demostró su valor. Pero en las operaciones que conozco, la conversación está cambiando de eje. Ya no se trata solo de medir cuánto material se movió. Se trata de saber, antes de mandar a una persona, si el lugar al que va es seguro.

Ese cambio de pregunta dice mucho sobre cómo maduró el sector. Y sobre lo que viene.

Por qué la seguridad operativa es la próxima frontera en minería

El contexto ayuda a entender la urgencia. Según la Secretaría de Minería, en los primeros once meses de 2025 las exportaciones mineras sumaron USD 5.406 millones, un 30,7% más que en el mismo período de 2024, con Santa Cruz y San Juan como principales provincias. Y la cartera de proyectos sigue creciendo: solo durante 2026, el Boletín Oficial publicó al menos ocho aprobaciones de proyectos mineros en el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones, entre oro, cobre y litio.

Más proyectos significa más frentes activos, más voladuras, más kilómetros de caminos de mina y más personal trabajando en entornos donde el terreno cambia todos los días. La escala de la operación crece más rápido que la capacidad de revisar cada punto a pie. Esa brecha es exactamente donde aparece el riesgo.

El marco normativo es claro sobre lo que hay que controlar. El Decreto 249/2007, reglamento de higiene y seguridad para la actividad minera, exige examinar el área después de cada voladura para detectar explosivos no detonados, resguardar todas las vías de acceso antes de detonar, revisar regularmente frentes y paredes, y diseñar escombreras y depósitos para asegurar su estabilidad. La norma dice qué verificar. No dice cómo hacerlo sin exponer a nadie.

Lo que vemos en operaciones de envergadura es que esas verificaciones siguen dependiendo, en buena medida, de una persona que se acerca a mirar. Justamente en los momentos y lugares de mayor riesgo: después de una detonación, al pie de un talud, sobre una escombrera recién conformada. Ahí es donde el dron cambia la ecuación.

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Tres controles de seguridad que el dron hace mejor

El dron no reemplaza el criterio del responsable de seguridad ni del jefe de mina. Le da información antes de que alguien tenga que exponerse. La inspección se hace desde el aire, y la persona entra solo cuando la imagen confirma que puede hacerlo.

Máquinas trabajando entre los bancos de una mina a cielo abierto

Antes y después de la voladura

Antes de detonar, el reglamento pide resguardar todas las vías de acceso a la zona. Un vuelo sobre el área de exclusión permite confirmar, en minutos y con registro, que no quedan personas ni vehículos dentro del perímetro. Esa verificación visual con evidencia reemplaza una recorrida que, en frentes extensos, lleva mucho más tiempo y deja puntos ciegos.

Después de la voladura, el vuelo es todavía más valioso. El reglamento exige examinar el área para detectar explosivos no detonados antes de reanudar tareas. Un dron con cámara de alta resolución recorre el frente mientras el polvo todavía se asienta, documenta el resultado y permite que el responsable decida desde una posición segura. El registro queda asociado a esa voladura, con fecha y ubicación, y sirve como respaldo ante cualquier auditoría.

Taludes, bancos y escombreras

El Decreto 249/2007 exige que las minas a cielo abierto se exploten en bancos acordes a las características de la roca y que los frentes y paredes se revisen de forma regular. La revisión desde el pie del talud tiene un problema evidente: la persona que mira está justo donde caería el material. Desde el aire, el mismo control se hace sin nadie en la zona de riesgo.

La ventaja mayor aparece con la repetición. Vuelos periódicos sobre los mismos taludes generan modelos comparables en el tiempo, y la comparación muestra lo que una inspección aislada no puede mostrar: grietas que se abren, material que se desplaza, sectores que se deforman de una campaña a la siguiente. Lo mismo vale para escombreras y depósitos, cuya estabilidad el reglamento pide asegurar desde el diseño.

Lo que vimos en la práctica es que el valor no está en un vuelo espectacular, sino en la rutina. Un programa de vuelos semanales o quincenales, con los mismos puntos de control, convierte al dron en un instrumento de monitoreo geotécnico y de seguridad, no en una cámara que se usa cuando pasa algo. Complementa, además, el control de los equipos que circulan por la mina, que tratamos en la nota sobre gestión de flotas y maquinaria para minería.

Si querés ir más a fondo: Relevamientos seguros en terrenos difíciles

Cómo incorporar drones al sistema de seguridad de una mina

La primera condición es operativa. El vuelo tiene que estar integrado a los procedimientos de la mina: quién lo pide, en qué momento del ciclo de voladura, quién analiza la imagen y quién autoriza el reingreso. Si el dron vuela por fuera del procedimiento, se convierte en un accesorio. Si está dentro, se convierte en una etapa obligatoria del control.

La segunda es regulatoria. La normativa de la ANAC ordena las operaciones por nivel de riesgo, y las operaciones en zonas rurales tienen un tratamiento más simple que las urbanas. Aun así, cada operación minera requiere evaluar la categoría que corresponde según el tipo de vuelo, la distancia y el equipo, y documentarlo antes de empezar.

También importa quién vuela. En una mina, el piloto tiene que conocer la operación tanto como el equipo: los horarios de voladura, las zonas restringidas, las rutas de los equipos pesados y los canales de comunicación con la sala de control. Un piloto que no entiende la mina es un riesgo más, no una solución. Por eso conviene que el servicio de vuelo trabaje integrado al área de seguridad, con procedimientos escritos y capacitación en el sitio.

La tercera es la integración con el resto de la seguridad de la operación. Los datos de vuelo se suman a los de las cámaras fijas, el control de accesos y el monitoreo de la flota, y todo converge en un mismo lugar donde alguien toma decisiones con información completa. Esa es la mirada que proponemos en la seguridad para grandes industrias y en nuestro servicio de inspección y análisis de datos con drones.

En minería, la seguridad dejó de ser un servicio que acompaña a la operación. Es parte de la operación. Las mineras que entendieron eso primero hoy toman decisiones más rápido, exponen menos a su gente y tienen mejores registros cuando llega la auditoría.

En USS acompañamos a empresas y proyectos de envergadura en este tipo de decisiones desde hace 30 años. Si querés conversar sobre cómo sumar drones a la seguridad operativa de tu mina, hablemos.

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