Campamento minero con módulos habitacionales en el altiplano
Blog de USS

Cámaras térmicas en campamentos mineros: incendio y perímetro

Francisco Alberton · Fundador y Presidente del Grupo USS 4 min de lectura

Un campamento minero es, al mismo tiempo, una vivienda, un comedor, un taller, un depósito de combustible y una central de energía. Funciona las 24 horas, a cientos de kilómetros del cuartel de bomberos más cercano, muchas veces a más de 3.000 metros de altura y con temperaturas extremas. Y adentro duermen las personas que al día siguiente tienen que operar la mina.

Cuando pienso en la seguridad de una operación minera, el campamento es el lugar donde menos margen de error hay. Si algo sale mal ahí, no hay a quién llamar que llegue a tiempo.

Qué exige la norma para el campamento y qué deja librado al diseño

El marco es el Decreto 249/2007, reglamento de higiene y seguridad para la actividad minera. Obliga al empleador a proveer alojamiento a todo el personal que, por los programas de trabajo, deba residir en las inmediaciones de la mina, con construcciones adecuadas a las condiciones geográficas del lugar. Y en su capítulo de incendios es muy claro: exige medios de protección eficaces en todos los edificios y puntos con riesgo de incendio, dentro o en los alrededores de la mina.

El mismo decreto pide que los locales y depósitos tengan un sistema de prevención y control de incendio adecuado al tipo de riesgo, un plan de prevención con las zonas de riesgo identificadas, equipos de personas capacitadas para emergencias, brigadas internas y un plan general de emergencias con simulacros y sistemas de alarma comprensibles. Exige además protección contra incendios en depósitos de inflamables, talleres, salas de máquinas y garajes.

Lo que la norma no define es cómo detectar. Establece la obligación de proteger, pero deja el diseño del sistema en manos de cada operación. Y en un campamento remoto, esa decisión de diseño es la que marca la diferencia entre un evento controlado y una pérdida total.

La escala del sector hace que esta conversación sea cada vez más frecuente. Con al menos ocho proyectos mineros aprobados en el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones durante 2026, según las resoluciones publicadas en el Boletín Oficial, se vienen muchos campamentos nuevos y ampliaciones de los existentes. Vimos en otros sectores que el mejor momento para diseñar la seguridad es antes de construir, no después.

Te puede interesar también: Detección de incendios en industria con cámaras térmicas e IA

Por qué la cámara térmica es la pieza clave en un campamento

Un campamento tiene problemas que la detección convencional no resuelve bien. Espacios abiertos entre módulos, viento permanente, polvo en suspensión, temperaturas bajo cero y distancias grandes entre instalaciones. La cámara térmica funciona igual de día y de noche, con polvo o con niebla, porque no mira la luz sino el calor.

Torre de iluminación móvil junto al cerco perimetral de un predio

Detección temprana de incendio en módulos, generadores y combustible

Los puntos de mayor riesgo de un campamento son conocidos: la sala de generadores, el depósito de combustible, la cocina del comedor, los talleres de mantenimiento y los tableros eléctricos de los módulos habitacionales. En todos ellos, un incendio empieza con un aumento de temperatura antes de que haya llama visible o humo suficiente para activar un detector.

Una cámara térmica con analítica vigila esas zonas de forma continua y dispara una alarma cuando algo supera el umbral definido. Detecta el recalentamiento de un equipo antes de que se convierta en fuego, algo especialmente valioso en generadores y tableros que operan sin pausa. Complementa, no reemplaza, la detección de humo dentro de los módulos, que sigue siendo obligatoria en los espacios cerrados donde duerme la gente.

En un campamento, el tiempo de respuesta lo es todo. La brigada interna que exige el decreto tiene que enterarse en segundos y saber exactamente dónde está el problema. La imagen térmica le da eso: ubicación precisa, magnitud del evento y la posibilidad de ver la evolución mientras se acerca.

Control perimetral en sitios aislados y extensos

La segunda función es el perímetro. Un campamento aislado tiene accesos que controlar, depósitos de insumos de alto valor, combustible y equipos. Las cámaras térmicas detectan personas y vehículos a cientos de metros en plena oscuridad, sin necesidad de iluminar el perímetro, algo que en sitios remotos con energía limitada no es un detalle menor.

Con analítica de video, el sistema distingue una persona de un animal, algo clave en zonas donde la fauna circula de noche. Eso reduce drásticamente las falsas alarmas, que son el principal motivo por el que un sistema perimetral deja de ser tomado en serio. Lo tratamos con más detalle en la nota sobre seguridad perimetral para grandes superficies.

Hay además un tema de convivencia que conviene tener presente. En un campamento las cámaras conviven con la vida cotidiana de cientos de personas, y la ubicación importa. Las cámaras térmicas miran calor y siluetas, no rostros, lo que las hace especialmente adecuadas para vigilar perímetros, depósitos y salas técnicas sin invadir los espacios de descanso. Definir con claridad qué se vigila y qué no es parte del diseño, y facilita que el personal acepte el sistema como una protección y no como un control.

La misma infraestructura sirve para ambos fines. Una cámara bien ubicada sobre el depósito de combustible vigila el calor del tanque y, al mismo tiempo, quién se acerca. En un sitio remoto, cada equipo que cumple dos funciones es un equipo menos que mantener.

Si querés ir más a fondo: Drones en minería: seguridad operativa en voladuras, taludes y escombreras

Cómo pensar la seguridad del campamento como un sistema

La cámara térmica es la pieza central, pero no funciona sola. La señal tiene que llegar a alguien que la vea, la confirme y active el protocolo. En operaciones remotas, eso implica resolver la conectividad con enlaces satelitales o radioenlaces redundantes, y definir quién atiende: una sala de control en el sitio, una central de monitoreo 24/7 o ambas.

La integración con el resto de la operación es el segundo paso.

El tercer elemento es el mantenimiento. En altura y con temperaturas extremas, los equipos sufren más: polvo en las carcasas, cables expuestos al viento, baterías que pierden capacidad con el frío. Un sistema que no se revisa con regularidad deja de funcionar justo cuando más se lo necesita. La disciplina de prueba y mantenimiento vale tanto como la elección del equipo, y conviene incluirla en el plan de prevención que ya exige el reglamento. El control de accesos al campamento, la flota que entra y sale, los horarios de turno y la ubicación de las brigadas forman parte del mismo cuadro. Cuando todo converge en un solo lugar, una emergencia se gestiona con información completa. Es la mirada que aplicamos en la gestión de flotas para minería y en la seguridad de la gran industria.

Lo que aprendí en estos años es que en los sitios más aislados la tecnología no es un lujo, es la única forma de tener ojos donde no hay personas. Un campamento minero bien protegido no es el que tiene más equipos. Es el que detecta primero, avisa a la persona correcta y deja registro de cada evento.

En USS acompañamos a empresas y proyectos de envergadura en este tipo de decisiones desde hace 30 años. Si querés conversar sobre cómo encarar la seguridad de tu campamento como un sistema integrado, hablemos.

Notas relacionadas