Un ducto es, probablemente, el activo más difícil de mirar de toda la industria. Cientos de kilómetros enterrados, atravesando campos, rutas, ríos y zonas donde no vive nadie. Lo que pasa sobre la traza durante la semana, en muchos casos, se descubre cuando alguien hace la recorrida.
En los últimos años lo que cambió no es el ducto. Es la cantidad de ductos nuevos que se están construyendo, y la posibilidad de mirarlos con una frecuencia que antes era impensable.
Por qué la inspección de la traza se volvió prioridad
La infraestructura de transporte está creciendo a un ritmo que no se veía hace décadas. Según el Gobierno de Río Negro, el oleoducto Vaca Muerta Oil Sur recorre 437 kilómetros entre Allen y Punta Colorada, con una capacidad inicial de 180.000 barriles diarios y una primera fase de puesta en marcha prevista para diciembre de 2026. Y no es el único proyecto: también está en marcha la ampliación del gasoducto Perito Moreno entre Tratayén y Salliqueló.
Más kilómetros de ducto significan más kilómetros de traza para recorrer, con los mismos riesgos de siempre: excavaciones de terceros, erosión, socavones, ocupaciones, fugas incipientes. Lo que no crece al mismo ritmo es la cantidad de gente disponible para recorrerla. La pregunta real es cómo mantener la frecuencia de inspección cuando la red se multiplica.
El marco normativo también se movió. Para gasoductos, la referencia es la norma NAG-100 de ENARGAS, que dedica secciones específicas al recorrido de inspección de las líneas de transmisión. Su Adenda 4, aprobada en 2026, menciona como medida de mitigación frente a fuerzas externas el aumento de la frecuencia de patrullajes en el derecho de vía, aéreos o a pie. Para oleoductos y poliductos, la Resolución SE 119/2026 aprobó un nuevo Reglamento de Transporte de Hidrocarburos Líquidos, que derogó el régimen anterior y pone el foco en la gestión de integridad.
Conviene ser precisos: ninguna de estas normas exige usar drones. Lo que piden es inspeccionar la traza y gestionar la integridad del sistema. El dron es un medio para hacerlo con más frecuencia y mejor registro, no una obligación.
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Qué cambia cuando el dron recorre la traza
Una recorrida a pie o en camioneta ve lo que el inspector alcanza a ver desde el camino. El dron ve la traza completa desde arriba, con imágenes georreferenciadas que se pueden comparar vuelo contra vuelo. Y ahí está el cambio de fondo: la inspección deja de ser una observación y pasa a ser un dato.

De la foto al dato: IA para detectar cambios en la traza
El valor no está en volar. Está en lo que se hace con las imágenes. Con cada campaña se acumulan miles de fotos de la misma franja de terreno, y ningún equipo humano puede revisarlas todas con atención. La inteligencia artificial hace ese trabajo de filtro: compara el vuelo nuevo con el anterior y marca solo lo que cambió.
Una máquina excavando cerca de la traza, un sector de suelo erosionado, una mancha de vegetación seca donde antes no la había, una construcción nueva sobre el derecho de vía. Cada una de esas señales, detectada a tiempo, es una intervención preventiva. Detectada tarde, es un incidente. Con sensores térmicos o de detección de gas, la misma lógica se aplica a pérdidas que todavía no son visibles.
Mi experiencia es que el cambio cultural más grande no es técnico.
Hay un detalle práctico que suele pasarse por alto: la calidad del dato depende de volar siempre igual. Misma altura, misma franja, misma hora aproximada del día, mismas condiciones de luz. Si cada vuelo es distinto, la comparación no sirve. Por eso los programas que funcionan definen rutas fijas y parámetros estables, y los ajustan solo cuando cambia la traza o el nivel de riesgo de un tramo. Es pasar de "hicimos la recorrida" a "tenemos el registro de la recorrida". Cuando cada hallazgo queda georreferenciado, con imagen y fecha, y se integra al sistema de información geográfica de la operadora, la gestión de integridad deja de depender de la memoria de quien recorrió.
Qué categoría ANAC aplica a una inspección de ductos
Acá hay que prestar atención. La normativa de la ANAC, vigente desde la Resolución 550/2025, ordena las operaciones en tres categorías según el riesgo. La categoría abierta cubre los vuelos dentro del alcance visual, hasta 122 metros de altura en espacio aéreo no controlado, sin autorización previa. Pero una inspección de ductos casi nunca entra ahí, porque el valor está justamente en recorrer muchos kilómetros más allá de lo que ve el piloto.
Esas operaciones más allá del alcance visual caen en la categoría específica, que exige autorización operacional, piloto con licencia aeronáutica y un explotador con certificado y un sistema de gestión de riesgos documentado. La Resolución ANAC 312/2026 enmendó el marco en mayo de 2026 y amplió lo permitido en zonas rurales, así que conviene revisar cada operación con el texto vigente. La planificación regulatoria es parte del proyecto, no un trámite posterior.
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Cómo pensar un programa de inspección aérea de ductos
Los que entendieron primero no arrancaron reemplazando la recorrida tradicional. La complementaron. Empezaron por los tramos de mayor riesgo, los que cruzan zonas con actividad de terceros o con suelos inestables, y midieron durante algunos meses. Con esos datos en la mano, la frecuencia de cada tramo se decide por riesgo y no por costumbre.
También hay que decidir qué pasa con cada hallazgo. Una alerta sin responsable es ruido. Cada tipo de evento, desde una máquina trabajando sobre la traza hasta un indicio de pérdida, necesita un protocolo: quién la verifica, en cuánto tiempo, a quién escala y cómo se registra el cierre. Vale la pena revisar eso antes de volar, porque es lo que convierte las imágenes en gestión de integridad.
El segundo paso es la integración. Las alertas de la traza tienen que llegar a alguien que las verifique y decida, del mismo modo que las alertas de un pozo o de una locación. Cuando el monitoreo de ductos, pozos y flotas converge en un mismo centro de operaciones, la operadora ve su activo completo y no piezas sueltas. Es la misma lógica que planteamos en la gestión de flotas en Oil & Gas, aplicada a la infraestructura fija.
El alcance completo del servicio está en nuestra página de inspección y análisis de datos con drones. Pero la pregunta que vale la pena hacerse no es cuánto cuesta volar la traza. Es cuántos kilómetros de tu red estás viendo hoy con la frecuencia que el riesgo realmente pide.
Si esto se parece a lo que ves en tu operación, hablémoslo. Contanos cómo inspeccionás hoy tus ductos y qué tramos te preocupan, y armamos juntos el diagnóstico de dónde conviene empezar. Un asesor te responde a la brevedad, sin compromiso.








