Público con las manos en alto frente a las luces del escenario en un recital
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Seguridad para eventos: aforo, accesos y monitoreo en tiempo real

Francisco Alberton · Fundador y Presidente del Grupo USS 4 min de lectura

Un evento es una operación de seguridad que dura unas horas y se prepara durante semanas. Miles de personas llegan casi al mismo tiempo a un lugar que muchas veces no fue diseñado para recibirlas, se quedan un rato y se van todas juntas. En ese lapso corto se concentra todo el riesgo: el ingreso, la capacidad, una emergencia, la salida.

En la Argentina aprendimos por el camino más duro que la seguridad de un evento no se improvisa. Hoy existe un marco normativo claro, y la tecnología permite cumplirlo con una precisión que hace unos años era imposible.

Qué exige la norma para un evento en CABA y en provincia

En la Ciudad de Buenos Aires, los eventos masivos se rigen por la Ley 5.641, que alcanza a los espectáculos y diversiones de carácter eventual en predios no habilitados para ese fin y con una concurrencia mayor a mil asistentes. La ley fija el aforo máximo: tres personas por metro cuadrado en espectáculos y dos en diversiones públicas.

Lo más interesante es lo que pide en el plan de acción del evento. Además de servicio médico, bomberos e instalaciones contra incendio, exige un operativo de seguridad firmado por un profesional idóneo que contemple el control de admisión y permanencia, la presencia de personal de seguridad privada y un control de acceso tecnológico, homologado y certificado, que garantice que no se supere la capacidad autorizada, con pantallas en las puertas que muestren la ocupación en tiempo real. También exige un sistema de autoprotección aprobado, con su plan de evacuación.

A nivel nacional, la Ley 26.370 regula a los controladores de admisión y permanencia en eventos y espectáculos, incluso cuando se hacen al aire libre o en la vía pública. Pide que el personal esté habilitado y registrado, con capacitación específica en control de admisión, seguridad contra siniestros y primeros auxilios, y prohíbe que trabaje armado. En la provincia de Buenos Aires, la Ley 12.297 incluye la vigilancia en espectáculos públicos y otros eventos entre los servicios de seguridad privada autorizados.

Lo que la norma deja librado al organizador es cómo hacerlo. Exige resultados, como controlar la capacidad, ordenar el ingreso y evacuar a tiempo, pero no dice con qué herramientas. Y ahí es donde un evento bien planificado se diferencia de uno que depende de la suerte.

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Cómo se arma la seguridad de un evento con tecnología

Un evento combina tres momentos de riesgo muy distintos: el ingreso, la permanencia y la salida. Cada uno necesita su propia capa de control, y todas tienen que reportar a un mismo lugar desde donde alguien toma decisiones.

Molinetes de control de acceso con lector de entradas en el ingreso a un predio

Ingreso y control de aforo en tiempo real

El ingreso es el primer cuello de botella y el momento donde se juega el cumplimiento del aforo. Los molinetes o lectores de entradas con conteo automático registran cada persona que entra y cada una que sale, y alimentan un tablero con la ocupación exacta en cada momento. Saber cuánta gente hay adentro, y no estimarlo, es exactamente lo que pide la norma porteña y lo que evita que un sector se sature.

Hay un error frecuente en esta etapa: confiar el conteo a la venta de entradas. La cantidad de tickets vendidos no dice cuánta gente hay adentro en un momento dado, porque el público entra, sale a fumar, vuelve a entrar y se mueve entre sectores. El dato que importa es la ocupación real, y solo se obtiene midiendo en cada puerta. En predios con varios sectores, además, conviene medir por sector y no solo el total, porque el riesgo casi nunca es el predio completo sino el área frente al escenario.

La analítica de video suma otra capa. Cámaras en los accesos y en los corredores de ingreso miden la densidad de público, detectan filas que crecen demasiado rápido y avisan cuando conviene abrir un acceso alternativo. En eventos con acreditación, como congresos, ferias o eventos corporativos, el control de acceso por credencial o código QR permite además saber quién está adentro, algo clave si hay que evacuar.

Monitoreo durante el evento y evacuación

Durante el evento, la clave es ver el predio completo desde un solo lugar. Un centro de control con las cámaras del predio, el tablero de aforo por sector y comunicación directa con la seguridad privada, el servicio médico y los bomberos permite detectar un problema antes de que escale: una aglomeración frente al escenario, una pelea, una persona descompensada, humo en un sector técnico. La velocidad de respuesta depende de que alguien lo vea a tiempo.

En predios extensos o eventos al aire libre, los drones agregan una vista que las cámaras fijas no tienen. Permiten seguir el movimiento del público, revisar los perímetros y apoyar a los equipos en tierra, algo que ya se usa en estadios y grandes predios. Siempre, por supuesto, con la autorización que corresponde para volar sobre personas.

La salida es el momento que más se subestima. Miles de personas se mueven al mismo tiempo hacia las mismas puertas, muchas veces de noche. El plan de evacuación define los medios de egreso, pero el monitoreo en tiempo real permite ajustarlo sobre la marcha: abrir salidas adicionales, redirigir flujos, avisar a la seguridad de un sector congestionado. Lo que vimos en eventos de envergadura es que un buen operativo no termina cuando baja el telón, termina cuando se vacía el predio.

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Cómo planificar la seguridad de tu próximo evento

La primera decisión es sumar la tecnología al plan desde el principio. El operativo de seguridad, el control de acceso y el sistema de autoprotección se presentan juntos para la habilitación, y conviene diseñarlos como un sistema. Cuando la tecnología se agrega a último momento, termina desconectada del resto del operativo.

La segunda es pensar en la escala. Un evento corporativo de 300 personas, un recital de 5.000 y un festival de varios días no necesitan lo mismo, pero todos comparten la lógica: saber cuánta gente hay, dónde está y qué está pasando. La solución se dimensiona según el evento, con equipamiento temporal que se instala, se prueba antes de abrir puertas y se retira al terminar.

La tercera es la información que queda. Los registros de ingreso, los tiempos de las filas y las grabaciones sirven para responder ante cualquier reclamo y, sobre todo, para mejorar el próximo evento. Los organizadores que miden cada edición y ajustan la siguiente son los que construyen una reputación de eventos seguros, y eso es un activo que se nota en la venta de entradas. La lógica de un centro de operaciones y monitoreo aplicada a un evento es exactamente esa.

En USS acompañamos a empresas y proyectos de envergadura en este tipo de decisiones desde hace 30 años. Si querés conversar sobre cómo encarar la seguridad de tu próximo evento como un sistema integrado, hablemos.

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